Cuando el pulso “se va” aunque el ritmo no cambie
Si entrenas habitualmente con pulsómetro, sabes que cuando comienzas a correr a un ritmo estable, cómodo, controlado… pasado cierto tiempo la frecuencia cardíaca incrementa, aunque el ritmo sea el mismo o incluso algo más lento.
Esto no es casualidad ni un fallo del pulsómetro. Es un fenómeno fisiológico conocido como deriva de la frecuencia cardíaca y entenderlo es clave para pautar bien la intensidad, ajustar los entrenos en tiempo real y evitar errores comunes en el trabajo aeróbico.
¿Qué es la deriva cardíaca?
La deriva cardíaca es el incremento progresivo de la frecuencia cardíaca durante un ejercicio prolongado realizado a intensidad constante, sin que aumente la carga externa (ritmo, vatios o velocidad).
Dicho de forma sencilla:
- El ritmo se mantiene.
- El esfuerzo percibido aumenta.
- La frecuencia cardíaca sube.
Este fenómeno es especialmente visible en:
- Rodajes largos.
- Entrenamientos aeróbicos extensivos.
- Sesiones en calor.
- Atletas con fatiga acumulada.
Desde el punto de vista del control del entrenamiento, la deriva nos recuerda que la frecuencia cardíaca es un marcador de carga interna, no externa, y por tanto refleja cómo está respondiendo el organismo al esfuerzo en ese momento.
¿Por qué se produce la deriva cardíaca?

La deriva cardíaca es el resultado de varios procesos fisiológicos que se combinan a medida que avanza el entrenamiento:
- Aumento de la temperatura corporal
El cuerpo necesita desviar más sangre hacia la piel para disipar calor. Esto reduce el volumen sistólico (cantidad de sangre por latido) y el corazón compensa aumentando la frecuencia. - Deshidratación progresiva
La pérdida de líquido reduce el volumen plasmático, lo que obliga al corazón a latir más veces para mantener el mismo gasto cardíaco. - Fatiga neuromuscular y metabólica
A medida que se acumula fatiga, el coste interno de mantener el mismo ritmo es mayor. - Activación del sistema nervioso simpático
Especialmente en entrenamientos largos o exigentes, aumenta la respuesta de estrés fisiológico. - Menor eficiencia mecánica
Con el paso de los minutos la técnica puede deteriorarse ligeramente, elevando el coste energético.
Factores que incrementan la deriva cardíaca
La deriva no aparece igual todos los días. Hay factores externos e internos que la amplifican:
Factores externos:
- Calor y humedad elevados.
- Terreno exigente (desnivel, superficie inestable…).
- Entrenamientos largos sin hidratación adecuada.
- Altitud.
Factores internos:
- Deshidratación previa.
- Fatiga acumulada de días anteriores.
- Baja variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV), indicador de estrés fisiológico.
- Déficit de sueño.
- Estrés psicológico.
Estos factores influyen directamente en la carga interna y por tanto en cómo debemos interpretar la frecuencia cardíaca durante la sesión.
Deriva cardíaca y control de la intensidad
Aquí aparece una pregunta clave para el atleta:
¿Debo mantener el ritmo o mantener la frecuencia cardíaca?
La respuesta correcta es que dependerá del objetivo de la sesión.
En entrenamientos aeróbicos extensivos, cuando el objetivo: estimular el sistema aeróbico sin exceso de estrés, prioriza la carga interna (frecuencia cardíaca). Si la frecuencia cardíaca se eleva progresivamente y se sale de la zona prevista, conviene:
- Reducir ligeramente el ritmo.
- Asumir que el coste interno ha aumentado.
- Proteger el objetivo aeróbico del entrenamiento.
En este tipo de sesiones ignorar la deriva y “forzar” el ritmo suele convertir un rodaje fácil en un entrenamiento medio mal ejecutado.
En entrenamientos controlados por ritmo (o potencia), cuando el objetivo: sostener una carga externa concreta (sesión de potencia aeróbica, ritmo umbral…), acepta cierta deriva cardíaca. Aquí es normal que la frecuencia cardíaca suba progresivamente. Lo importante es:
- Que el aumento sea gradual, no brusco.
- Que no se dispare fuera de rangos esperables.
- Que el RPE (percepción subjetiva del esfuerzo) sea coherente.
Una deriva excesiva en este contexto puede indicar que ese día no es el adecuado para forzar, y conviene reajustar la sesión, tal y como se propone en el enfoque de “ajuste y reajuste del entrenamiento”.
Cómo plantear una sesión teniendo en cuenta la deriva cardíaca
1. Ajusta expectativas según el contexto
No esperes las mismas pulsaciones:
- En verano que en invierno.
- Hidratado que deshidratado.
- Descansado que fatigado.
2. Observa la tendencia, no un valor aislado
La deriva es un proceso, no un número puntual. Analiza cómo evoluciona la frecuencia cardíaca a lo largo del tiempo.
3. Combina marcadores
- Ritmo, velocidad o potencia → carga externa.
- Frecuencia cardíaca → carga interna.
- RPE → percepción subjetiva del esfuerzo.
Cuantos más marcadores coincidan, mejor decisión tomarás.
4. Hidrátate correctamente
Una buena estrategia de hidratación antes y durante el entrenamiento reduce significativamente la deriva cardíaca, especialmente en sesiones largas.
5. Usa la deriva como información, no como enemigo
Una cierta deriva es normal. El problema no es que exista, sino no saber interpretarla.
Entrenar con inteligencia, no con rigidez
La deriva de la frecuencia cardíaca nos recuerda que el cuerpo no funciona de forma mecánica, sino como un sistema dinámico y adaptativo. Dos entrenamientos iguales sobre el papel pueden generar respuestas internas muy distintas.
Aprender a interpretar la deriva cardíaca te permitirá:
- Ajustar la intensidad en tiempo real.
- Evitar errores en los rodajes aeróbicos.
- Respetar los objetivos de cada sesión.
- Entrenar de forma más sostenible a largo plazo.

